La
Noticia:
El
periodista exiliado Jamal Khashoggi había acudido el martes al consulado del
país árabe en Turquía… (elpais.com).
Comentario:
Las cámaras de video registraron la llegada
del periodista al consulado de Arabia Saudita en Turquía, pero su salida fue sospechosa. Como que no se necesita demasiada materia gris para
entender que algo sucedió ahí dentro. Y se sabe que no está escondido porque ya
las autoridades turcas tuvieron el permiso para registrar el consulado e
incluso la residencia del cónsul y no encontraron nada. ¿Qué pasó y por qué?
Sin duda no es el primer caso de un
periodista desaparecido o asesinado (pregunten en México), pero este llama la
atención mundial por el descaro y la saña con el que fue ejecutado. Si un columnista
(¡gulp!) ha de morir en la defensa de la libertad de expresión, lo menos que
esperaría es un balazo limpio y contundente. En el caso de Khashoggi, existe
evidencia (no oficial aún, pero se habla de una grabación que la delata) de
tortura.
Resulta que Khashoggi es (o debemos decir,
fue) un periodista crítico del príncipe saudí. Escribió mucho sobre que los
árabes están mal informados por la represión a la libertad de expresión. Y
molestó tanto al régimen saudí que tuvo que salir del país, prácticamente
huyendo. Ubicó su residencia en Estados Unidos y comenzó a colaborar con el
Washington Post. Desde ahí siguió criticando al príncipe de su país. En una de
sus últimas publicaciones escribió: “Se nos pide que abandonemos cualquier
esperanza de libertad política, que nos callemos acerca de las detenciones y de
las prohibiciones de viajar que penden no solo sobre los críticos, sino también
sobre sus familias.” Criticó no solo la falta de libertad de expresión, sino
también la participación de Arabia Saudita en la guerra de Yemen y en el
bloqueo a Catar, las reformas económicas y la relación con Irán. Sin duda el
príncipe (Mohamed bin Salmán) estaba molesto.
Viviendo en Estados Unidos no tenía nada
que temer, pero Khashoggi tenía una novia en Turquía y deseaba casarse con
ella. Así que viajó allá. En el papeleo para la boda, tuvo que asistir al
consulado árabe en la capital turca. El personal del consulado le pidió que
regresara en 4 días a recoger los papeles. El 2 de octubre. Justo en esa fecha,
los turcos tienen registrada la llegada a Turquía de agentes de seguridad
saudí, incluido uno que aparece frecuentemente al lado del príncipe en viajes
internacionales. Curiosamente entraron al consulado una hora antes de la
llegada de Khashoggi.
Cuando el periodista llegó, quién puede
dudar que cayó en las manos de dichos agentes. Las grabaciones delatan, según
se dice, interrogatorio, el corte de dedos de las manos, gritos e incluso el
uso de una sierra eléctrica. Que López Obrador llame “fifí” a la prensa crítica
no es nada comparado con las medidas adoptadas por el príncipe saudí.