viernes, 18 de noviembre de 2011

Presidente de Yemen Dice que Dejará el Poder


La Noticia:
En un informe en la televisión estatal, el Presidente de Yemen, Alí Abdalá Saleh, anunció que dejará el poder en los próximos días… (reforma.com)

Comentario:
Más tarde el ministro de comunicación dijo que lo que el presidente quiso decir es que dejará el poder hasta que se celebren las elecciones.

Yo no sé si tomó la idea del expresidente Vicente Fox, pero al parecer es muy conveniente la estrategia de “lo que quiso decir fue…” Y es que ya nadie le cree, hablando del presidente de Yemen, a Fox ya nadie lo escucha, porque lleva 33 años en el poder y ni siquiera manifestaciones multitudinarias para que renuncie le han hecho impacto.

Repasemos la historia reciente de este país que como usted recordará está ubicado en el talón de la bota Arábiga, con fronteras al norte con Arabia Saudita y al este con Omán. Cruzando el Mar Rojo, al oeste, los países cercanos son Eritrea, Djibouti y Somalia. ¿Qué ha pasado en Yemen? ¿Por qué está en las noticias?

Comencemos por recordar que los levantamientos en Túnez y Egipto contagiaron a la población Yemení, que cansada de una dictadura de 33 años, salió a las calles a protestar contra el régimen. La diferencia estuvo en que un movimiento que fue popular en Túnez, Egipto y Libia, se vio empañado en Yemen por juegos de poder, donde facciones opuestas al presidente apoyaron las manifestaciones buscando relevarlo. Dejó entonces de ser un movimiento del pueblo contra el poder corrupto, para convertirse prácticamente en una guerra civil con tres facciones en el frente: las fuerzas leales al presidente Saleh, las fuerzas del general Ali Mohsin que abandonó el ejército en rebeldía y las fuerzas de la poderosa familia Ahmar. Las calles entonces se convirtieron en mini campos de batalla, con cientos de muertos, miles de heridos y cerca de 350,000 personas desplazadas de sus hogares, sobre todo en el norte del país.

Desde que iniciaron las protestas en enero 2011, el presidente ha mencionado su intención de dejar el poder, pero siempre ha encontrado una excusa para posponer su decisión. Las últimas elecciones que él ganó, fueron en 2006 y se sospechaba que para las siguientes elecciones ya no se presentaría, pasara lo que pasara en las calles, porque lo haría su hijo. Algo así como heredar la presidencia. Las manifestaciones han dejado en claro que no aceptarán la imposición de su hijo y Saleh ha tenido que declarar que no dejará a su hijo en el poder.

Saleh, sin embargo, no tiene un control total sobre el país. De hecho el pasado junio fue herido seriamente en su refugio presidencial y tuvo que retirarse tres meses a Arabia Saudita a recuperarse. Si a eso se le añade que en el norte existe la influencia de la familia Ahmar, que el sur ha tenido (y mantiene) intenciones separatistas (recordemos que Yemen nació en 1990 al fusionarse Yemen del Norte y Yemen del Sur, pero en el sur siempre ha habido ideas nacionalistas), que uno de sus generales, descontento por el asesinato de civiles desarmados salió del ejército y ahora se le opone y, como una cereza amarga para coronar el pastel, que existe una célula rebelde de Al Qaeda en el sur del país, en realidad nos preguntamos porque se mantiene aferrándose a una silla peligrosa y con poco poder.

Por supuesto que el concepto mismo de poder corrompe y Saleh prefiere mantenerse jugando, a retirarse tranquilamente a una villa Saudí a disfrutar de su fortuna. Y su juego no ha terminado. Ha sembrado hijos y sobrinos en puestos claves del ejército y del gobierno para garantizar cierta lealtad (hasta que a alguno de ellos lo asalte el anhelo de incrementar su poder) y ha logrado cierto reconocimiento internacional nombrándose enemigo del terrorismo y aliado de los Estados Unidos en su lucha contra Al-Qaeda. Los americanos lo consideran el menos malo de las opciones presentes y al menos no han presionado por su renuncia.

Yemen es un estado complicado, con riesgos de una posible guerra civil y si eso ocurre, miles de pobladores huirían a Arabia Saudita en el norte o a Omán en el oeste. Las costas africanas no son opción para potenciales desplazados, ya que el propio Yemen es hogar de cerca de 200,000 refugiados somalíes. Además, Yemen ha acusado a Irán de respaldar a rebeldes en el norte del país, iniciando temores de un conflicto.

Están los ingredientes listos para un problema mayor y es difícil sugerir opciones. Ciertamente, luego de 33 años como presidente, Saleh debe renunciar, pero lo que no se ve claro es quien pueda sustituirlo y manejar todos los problemas inteligentemente. Lo más que podemos desear es que surja un líder capaz, sin influencias de ninguna de las facciones en conflicto. Por donde está posicionado geográficamente, al mundo le conviene un Yemen democrático y fuerte.

Publicado por el Heraldo de Aguascalientes el 10/10/11.

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