La Noticia:
El triunfo de Humala, de 48 años, se debería en parte al respaldo que le dio, tras la primera vuelta electoral, el Premio Nobel Mario Vargas Llosa, quien había exhortado a sus compatriotas a votar por el que él consideraba “el menor de los males” (reforma.com).
Comentario:
Supongo que Humala debe considerar que un respaldo es un respaldo y agradecer a Vargas Llosa, a pesar de la pedrada. Debido a que no sólo Vargas Llosa, sino muchos peruanos, lo consideraron el “menos peor de los candidatos,” Humala ya es presidente electo y está en él convertirse en el gran líder que ya merece Perú (sus anteriores presidentes han dejado mucho que desear).
Eso de votar por “el menor de los males” no parece desconocido para los mexicanos que en más de una ocasión han sido testigos de campañas para anular el voto, para abstenerse, o simplemente han votado por Cantinflas o Pedro Infante. Las votaciones en Perú consisten de dos vueltas, si es que nadie gana más del 50% de los votos en la primera. En esta ocasión, pasaron a la segunda vuelta Keiko Fujimori y Ollanta Humala. Además es conveniente mencionar que el voto en Perú es obligatorio, con una multa para quien no asista de aproximadamente $300 pesos mexicanos, una cantidad que el peruano de bajos recursos no se puede dar el lujo de perder.
Para entender por qué Vargas Llosa no consideraba adecuados ni a Fujimori ni a Humala, debemos repasar las trayectorias de los presidentes recientes. Luego debemos considerar qué debe hacer Humala para ganarse el respeto del escritor, o mejor aún, de los ciudadanos.
En 1980 terminó una larga dictadura militar y comenzó la época democrática peruana. Las elecciones las ganó Belaúnde Terry con facilidad. Sin embargo la aprobación de la gente duró poco. Belaúnde no pudo gobernar adecuadamente el país y pronto la economía se desplomó, con la inflación llegando a 120% anual y con grupos guerrilleros como Sendero Luminoso y Tupac Amaru, asolando el país. En medio del caos, Perú buscó en las elecciones de 1985 quien lo rescatara.
Alan García ganó la primera vuelta y su contrincante en la segunda vuelta declinó debido a que la guerrilla estaba generando violencia para que la gente no fuera a votar. Esto le restó un poco de legitimidad y para ganarla, García hizo el dramático anuncio que sólo iba a destinar el 10% de las importaciones para el servicio de la deuda externa. Como ese 10% no alcanzaba ni para los intereses, Perú se vio aislado de la banca y del apoyo internacional. Para complicar más las cosas, García no pudo combatir a los movimientos guerrilleros y fue acusado de corrupción. Tan mal estuvo la situación que se cuenta que si los militares no llevaron a cabo un golpe de estado fue porque no querían heredar un país ingobernable. En cuanto entregó la presidencia, García huyó del país.
Su sucesor fue Alberto Fujimori, padre de la recién derrotada Keiko Fujimori. Alberto fue un ingeniero que sorpresivamente derrotó en las elecciones de 1990 al favorito en las encuestas Mario Vargas Llosa. El famoso escritor (ya con un motivo para no apoyar a la hija en la reciente elección) reconoció la victoria de Fujimori y prácticamente se retiró de la política. Fujimori ganó popularidad cuando disolvió el Congreso para erradicar la corrupción, capturó al líder de Sendero Luminoso, acabando casi con este movimiento, se negó a negociar con los de Tupac Amaru cuando estos tomaron como rehenes a invitados de una fiesta en la embajada japonesa (todos los guerrilleros fueron abatidos y sólo pereció un rehén) y generando cierto progreso económico. La gente estaba maravillada con él, al punto que lo reeligió en 1995. Sin embargo los problemas comenzaron ahí. En esa elección derrotó a… ¡su propia esposa! Ella, Susana Higuchi, compitió alegando que su esposo Alberto buscaba mantenerse en el poder indefinidamente.
No creo que exista otro caso similar. Dos esposos haciendo campaña para sí mismos, restando votos al cónyuge. Hipotéticamente hablando, si Vicente Fox hubiera competido por la presidencia contra su esposa Martha Sahagún, ¿por quién hubiera votado usted? Perú se quedó con Fujimori. Poco después de las elecciones los esposos se divorciaron y la hija, Keiko, fue nombrada Primera Dama.
Pronto fue evidente que Fujimori sí deseaba el poder. Maniobró para poder competir en las elecciones del 2000 y se supo por medio de unos videos, que maniobraba ilegalmente para comprar apoyo de la oposición. Alcanzó a ganar las elecciones, un poco en forma amañada, pero poco después salió del país en medio del escándalo y desde Japón envió su renuncia al Congreso. Japón negó una petición de extradición y si ahora Fujimori está en la cárcel, es porque al parecer buscaba participar en las elecciones del 2011 y llegó a Chile para establecer una base de operaciones, pero ahí fue apresado y enviado a Perú. Su hija se inscribió en su lugar.
El siguiente presidente fue Alejandro Toledo, con raíces indígenas que lo ayudaron a ganar. Pero inmediatamente mostró incapacidad para dirigir la economía, insensibilidad al gastar demasiado en lujos para sí mismo, nepotismo y, lo que terminó por molestar a la gente, negó la paternidad de un hijo. La gente de nueva cuenta se esperanzó en las elecciones de 2006. Esta vez la competencia fue entre Ollanta Humala y Alan García (el mismo ex presidente que estuvo exiliado mientras la gente olvidaba los cargos de corrupción en su contra). La gente votó por García por temores que la cercanía de Humala con Chávez fueran malos para el país. Humala además tenía en su pasado un fallido golpe de estado contra Fujimori en el año 2000.
García, en esta nueva oportunidad, se alejó del populismo, buscó la austeridad y manejó la economía casi como un derechista lo hubiera hecho, incluyendo la firma de un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos. Perú creció bien, lo que no había logrado en mucho tiempo. Esta es una lección que un izquierdista como Humala debe observar.
Para convertirse en el gran líder que todos en Perú desean, Humala debe aprender de los izquierdistas moderados que han tenido éxito. Un poco el propio Alan García, pero sobre todo Lula en Brasil y Kirchner en Argentina. Y alejarse de los radicales como Chávez en Venezuela, Morales en Bolivia y Castro en Cuba. La filosofía política sale sobrando si la gente no tiene un empleo digno. Perú ya merece un dignatario alejado de los escándalos y qué mejor que un izquierdista de corazón que adopte ciertas medidas capitalistas sensatas. Se puede.
Publicado por el Heraldo de Aguascalientes el 13 de junio 2011.
No hay comentarios:
Publicar un comentario