La Noticia:
El Gobierno de
China criticó la reunión del Presidente Felipe Calderón con el Dalai Lama al
considerarla un acto de interferencia con los asuntos internos de China y
aseveró que afecta las relaciones entre ambas naciones… (reforma.com)
Comentario:
Varias preguntas surgen a raíz de la visita del Dalai
Lama (líder budista) a México (país eminentemente católico). ¿Tiene algún tinte
religioso? ¿Político? ¿Vale la pena incurrir en la ira de China, el gigante
comercial del día? ¿Es válido rechazar la visita del Dalai Lama sólo para
agradar a China? ¿Por qué tiene tanto odio China al Dalai Lama? Y por principio
de cuentas ¿quién es el Dalai Lama?
Así que comencemos por el principio. ¿Quién es este señor
tan poco apreciado por China?
El Dalai Lama es el líder espiritual y político (aunque
él está proponiendo dejar la parte política) del Tíbet. El Tíbet era un país
independiente entre China y Nepal, cerca de los Himalayas. Debido a su gran
altura sobre el nivel del mar, la región es conocida como el “techo del mundo.”
El líder de este país es la figura del Dalai Lama, que para los seguidores de
esta forma de budismo, es el mismo Dalai Lama que comenzó a gobernar allá por
el 1395 y a través de 14 re-encarnaciones, vive hoy en Tenzin Gyatso, el Dalai
Lama que visitó México.
Cuando un Dalai Lama fallece, un comité de monjes
budistas se pone a buscar entre la población a la re-encarnación del fallecido,
normalmente un niño, al que educan para ser el nuevo guía del Tíbet. El actual
Dalai Lama fue descubierto cuando tenía sólo 2 años de edad y nombrado
gobernante del Tíbet a la edad de 4 años en 1939. Sólo pudo gobernar (es un
decir, porque a esa edad seguramente sólo era una figura) durante 11 años,
porque en 1950 las tropas de la China comunista comandadas por Mao Zedong,
llegaron a Tíbet, supuestamente a negociar una incorporación pacífica del Tíbet
a China.
En dicha negociación se suponía que Tíbet era un aliado
autónomo de China y el Dalai Lama a sus 15 años de edad tomó formalmente las
riendas del gobierno y firmó el acuerdo con Mao Zedong. Pronto se vio que China
no estaba de humor para mantener acuerdos con un país pequeño y la agresión a
la autonomía del Tíbet condujo a manifestaciones en las calles en contra del
gobierno comunista central de China. Para entonces, China ya tenía un ejército
poderoso y reprimió las manifestaciones, haciendo que el Dalai Lama y muchos
seguidores huyeran al norte de la India, donde instalaron un gobierno desde el
exilio.
El Dalai Lama se dio a la tarea de visitar líderes
políticos para llamar la atención hacia el maltrato que sufría la gente del
Tíbet que se resistía a asimilar la doctrina del comunismo. Logró que las
Naciones Unidas emitieran resoluciones para preservar los habitantes y la
cultura del Tíbet, pero jamás consiguió quién le plantara frente a China para
conminarla a conceder la independencia al país. El propio Dalai Lama percibió
que el poder de China era imposible de desafiar y cambió su discurso, pasando
de buscar “independencia” a lograr al menos “autonomía.” Algo al estilo de una
asociación como la que tiene Puerto Rico en relación con los Estados Unidos.
Sin embargo, lo único que ha encontrado, a pesar de haber
visitado a muchos jefes de estado, entre ellos Clinton y el Papa Juan Pablo II,
ha sido simpatía. Incluso le fue otorgado el Premio Nobel de la Paz en 1989,
por utilizar un método pacifista en la búsqueda de su objetivo. Simpatía y
premios, no han movido la postura de China que considera al Tíbet como una
región más.
El Dalai Lama ha buscado diálogo con Beijing, pero han
existido pláticas solamente en forma esporádica desde 1993, ninguna de las
cuales han avanzado por el camino deseado por el líder espiritual. A pesar de
que él clama que sólo busca cierta autonomía, China lo considera un separatista
y es por eso que presiona a cualquier gobierno del mundo para que no lo
reciban, para que no tenga voz ante la opinión pública.
¿Qué tan fuertes son las amenazas para quien recibe al
Dali Lama? Como lo dice la noticia, son al parecer serias, pero en realidad
nunca ha tomado medidas contra los países que lo han recibido. Seguramente esto
es lo que consideró Felipe Calderón al recibirlo, además de que fue cauto al
declarar oficialmente que Tíbet es parte de China. Con esa declaración, China
se dará por satisfecha, no obstante el cúmulo de simpatías que recibirá el
Dalai Lama, pero que no van más allá de una palmadita en la espalda.
¿Conseguirá adeptos para el budismo en México?
Difícilmente. Sin embargo quienes favorecen la tolerancia para cualquier
religión o forma de pensar, estarán el pendiente de sus presentaciones.
Publicado en el Heraldo de Aguascalientes el 12 de septiembre 2011.
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