La Noticia:
Los habitantes de
Israel han tomado las calles nuevamente con protestas masivas acerca del alto
costo de vida. Algunos medios en Israel indican que son cerca de 400,000
quienes protestan… (bbc.co.uk)
Comentario:
Se habían visto protestas en España y Chile, pero pocos
esperaban que los jóvenes de Israel también tuvieran esa capacidad de
movilización. Y no porque los jóvenes de ese país estén hechos de otra madera,
o porque el gobierno sea impecable, sino porque la primera prioridad en Israel
siempre ha sido la seguridad, dejando la preocupación por la economía en un
lejano segundo plano.
Después de todo, sabiendo que existen algunos extremistas
islámicos dispuestos a sacrificarse con una bomba atada a sus cuerpos, con tal
de llevarse por delante a muchos “infieles” judíos, las manifestaciones
multitudinarias en Israel son cosa de pensarlo dos veces. Si los jóvenes hoy en
día están dispuestos a correr tal riesgo, es que seguramente están muy
molestos. Lo peor que les puede pasar a los indignados de España, es recibir
chorros de agua a presión, balas de goma o algunos macanazos. Los judíos en
cambio, enfrentan una amenaza latente de encontrar algún musulmán suicida que
haya burlado la vigilancia.
¿Por qué toman tal riesgo los judíos? ¿Qué los hizo
enojar? ¿Acaso las protestas callejeras que iniciaron en Túnez, se esparcieron
a Egipto, Siria, Yemen y Libia, contagiaron a los históricos enemigos de los
musulmanes, los judíos?
No exactamente. En algo se parecen las protestas y es que
fueron motorizadas por las redes sociales. A través de facebook corrió el descontento inicial de los judíos. Pero hasta
ahí la similitud, porque las protestas en Israel iniciaron por…, no se ría, el
queso cottage. Específicamente por el
precio elevado del queso cottage.
El punto es que el queso cottage es una pieza clave en la dieta de los judíos. Es raro el
hogar que no usa queso cottage como
parte del desayuno. Un equivalente sería quizás el café para los italianos, el
cereal para los americanos, y ¿los frijoles?, para los mexicanos. Cuando los
habitantes de Israel se dieron cuenta a través de las redes sociales que el
precio del queso era más alto que en otras partes del mundo como Europa y
Estados Unidos, se realizó la primera manifestación.
Las empresas productoras de queso, presionadas por la
reacción del público, así como por revisiones gubernamentales, bajaron el
precio del queso y todo parecía tener final feliz. Excepto que habiendo
observado el éxito de una manifestación sobre un producto, se inició una
especie de reacción en cadena y pronto los matrimonios jóvenes comenzaron a
quejarse del alto costo de la vivienda. Pusieron casas de campaña en una de las
calles principales como forma de protesta. Dado que la propiedad del suelo es
centralizada en Israel, el Primer Ministro prometió incrementar la construcción
de viviendas.
Sin embargo no es algo que se resuelva de inmediato y a
las protestas de los jóvenes matrimonios, se unieron otros quejándose de los
altos precios en general. “Tenemos precios de suizos, pero salarios de griegos,” fue la queja común. El problema para el gobierno es que no se trataba de un
movimiento liderado por algún sindicato, o por algún líder carismático, sino
que fue algo espontáneo propagado por las redes sociales. Así que el gobierno no
tenía con quien negociar un pliego petitorio. Cierto manifestante quizás se quejaba
del precio de la leche, pero otro del precio de la vivienda y otro del precio
del jabón.
Ante tal situación, el Primer Ministro tiene una tarea
complicada enfrente. El crecimiento económico en Israel es aceptable, al igual
que la tasa de desempleo. Pero controlar los precios es complicado en una
economía de libre mercado y si bien Israel tiene sectores socializados por
requisitos de su historia particular (por ejemplo, la propiedad centralizada
tiene sentido para una nación en pugna cerrada contra los palestinos por la
posesión de la “Tierra Prometida”), en realidad la mayoría de los precios es
fijada por las leyes de oferta y demanda, donde el gobierno tiene poca
injerencia.
Publicado en el Heraldo de Aguascalientes el 5 de septiembre 2011.
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