La Noticia:
A 10 años de la invasión
estadounidense a Irak, y a dos de que se retiraron las tropas de ese país,
Bagdad y otras ciudades están viviendo una ola de violencia no vista desde hace
media década…
(reforma.com)
Comentario:
Se
supone que los americanos se tardaron en salir de Irak porque querían dejar al
país estable, en calma y con un gobierno responsable. ¿Qué salió mal? ¿Qué está
pasando en ese país? ¿Qué se requiere para que los ciudadanos de ahí vivan en
paz?
Comencemos
por decir que el actual presidente de Irak, desde 2005, es Jalal Talabani.
Primero fue nombrado por la Asamblea Nacional de Irak y luego venció en las
primeras elecciones democráticas luego de la caída del dictador Sadam Hussein.
No está muy claro cómo es que logró soporte para alcanzar la presidencia, pero
se presume que al ser de la rama chiita de los musulmanes, en contraste con la
rama sunita a la que pertenecía Sadam Hussein, pudo haber sido uno de los
factores.
Talabani
favoreció la formación de un gobierno con fuertes simpatías chiitas y poco a
poco los sunitas resintieron la situación al sentirse no solo desplazados, sino
incluso hostigados por los chiitas. Estados Unidos no comprendió que las
diferencias entre chiitas y sunitas es más pronunciada que la diferencia entre
demócratas y republicanos en Estados Unidos y les pareció razonable que el
poder se transfiriera entre partidos. Después de todo, así es la democracia, ¿o
no?
Pero
debemos entender a estos dos grupos para saber por qué no se quieren. Cuando la
religión se mezcla con la política, el resultado puede ser catastrófico. Para
comenzar, no está clara la proporción de chiitas y sunitas en Irak. Algunas
fuentes consultadas indican que la proporción es 60-40 a favor de los sunitas,
en tanto que otras fuentes (entre ellas la Enciclopedia Británica) dicen que la
proporción es 60-40 a favor de los chiitas. Lo cierto es que Irak es el país en
que las dos facciones están más equilibradas y por tanto en discusión la prevalencia
de la una sobre la otra. Por ejemplo en Irán prevalecen los Chiitas con el 95%
y un gobierno chiita no es cuestionado.
¿En
qué se diferencian chiitas y sunitas? Ambos grupos son musulmanes en el sentido
de que consideran a Alá como Dios, a Mahoma como el mensajero de Alá y al Corán
como el Libro Sagrado. Además siguen los cinco pilares del Islam: el Ramadán o
mes de ayuno, la caridad, la confesión de fe, la oración y el peregrinaje a La
Meca. Pero se separaron cuando Mahoma falleció. Un grupo, los sunitas,
siguieron al suegro de Mahoma y se especializaron en las enseñanzas del Profeta.
Hoy en día, el 90% de los musulmanes en el mundo, es sunita. El otro grupo
siguió al primo de Mahoma y consideraron que había sucesores del Profeta,
llamados Imanes, representantes de Dios y que darían las enseñanzas a sus
seguidores. Muchos sunitas consideran sacrílega esta postura y no consideran
musulmanes a los chiitas, tachándolos de herejes.
Según
los chiitas, existieron en sucesión directa, normalmente padre-hijo, doce
Imanes y ya no hay más. Pero el último, el doceavo Iman, se dice que existe,
pero está oculto hasta que se cumpla alguna profecía. El punto es que chiitas y
sunitas discrepan en cuanto a quién es la máxima autoridad. Y si añadimos que
el gobierno puede tomar partido por uno de los dos bandos, podremos entender la
inconformidad de quienes se sienten relegados. Recordemos que hablamos de
conceptos religiosos.
Sabemos
que en México predomina el catolicismo y la pequeña minoría protestante no pone
mayores trabas a que los gobernantes demuestren su fervor religioso. Vicente
Fox portó una bandera con la Virgen de Guadalupe por ejemplo. Pero imaginemos
por un momento que los protestantes crecieran y que un presidente protestante
electo emitiera reglamentos para favorecer a este grupo religioso en las
escuelas. No sé si al extremo de coches bomba, pero los católicos harían
manifestaciones en contra del gobierno. Eso es lo que está pasando en Irak, con
un énfasis manifiesto en ataques con coche-bomba.
Más
de 4,000 muertos en lo que va del año y más de 10,000 heridos es el saldo en
Irak. La crisis de la vecina Siria agudiza el problema porque miles de
refugiados han ingresado a Irak. Y lo malo es que no se ve una solución
sencilla. Si los chiitas entregaran el poder a los sunitas, no hay garantía de
que los papeles no se revertirían. Convertir chiitas a sunitas, o viceversa, es
prácticamente impensable. Así que lo único que puede tener visos de ser una
solución, sería el impedir que la religión entre al Palacio de Gobierno. Que
apareciera un candidato neutral prometiendo garantizar los derechos de ambos
grupos y no tomar partido. Pero para ello, se requeriría de mano firme, con un
ejército que respalde y apoye las acciones neutrales. Además, este candidato
debería respetar la democracia y evitar la tentación de que la mano dura y el
apoyo del ejército le sirvan para eternizarse en el poder. Un nuevo dictador,
aunque mantuviera la calma, no sería solución.
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