La Noticia:
El ayatolá Jamenei califica la ejecución del clérigo
chií Nimr al Nimr de "error político"… (elpais.com).
Comentario:
¡Vaya forma de iniciar el año! Con un conflicto entre
dos países líderes en el Medio Oriente. ¿No podía haber sido con un acuerdo de
paz entre Palestina e Israel? ¿O un apretón de manos entre el Primer Ministro
Israelí y el presidente de Irán? Esperemos que esto sea lo peor del año y que
de aquí en adelante la economía mundial se muestre próspera, la democracia
avance en el mundo, los políticos comiencen a ser modelos de servicio público,
que la corrupción en México se acabe… bueno, se vale soñar. ¿Qué no hizo usted
propósitos de Año Nuevo?
Por lo pronto analicemos qué está pasando entre Arabia
e Irán. Lo cierto es que la tensión entre ambos no es nueva. La relación es
complicada por decir lo menos. Quizás el origen está en diferencias religiosas,
aun cuando ambos países profesen el Islam, pero es mucho más que eso. Hablamos
de balance de poder, de perspectivas diferentes, de posturas contrastantes
frente a otros países, etc.
Pero como todo empieza por la parte religiosa,
comencemos también por ahí. El Islam tiene básicamente dos grupos claramente
separados: los chiitas y los sunitas. Los sunitas prevalecen en Arabia Saudita,
en tanto que los chiitas en Irán. Debemos entender a estos dos grupos para
saber por qué no se quieren.
¿En qué se diferencian chiitas y sunitas? Ambos grupos
son musulmanes en el sentido de que consideran a Alá como Dios, a Mahoma como
el mensajero de Alá y al Corán como el Libro Sagrado. Además siguen los cinco
pilares del Islam: el Ramadán o mes de ayuno, la caridad, la confesión de fe,
la práctica de la oración (típicamente cinco veces al día) y el peregrinaje a
La Meca (localizada en Arabia Saudita) al menos una vez en la vida. Pero se
separaron cuando Mahoma falleció.
Un grupo, los sunitas, siguieron al suegro de Mahoma y
se especializaron en las enseñanzas del Profeta. Se consideran los ortodoxos. Hoy
en día, el 90% de los musulmanes en el mundo, es sunita. El otro grupo siguió
al primo de Mahoma, Alí, y consideraron que había sucesores del Profeta, llamados
Imames, representantes de Dios y que darían las enseñanzas a sus seguidores.
Muchos sunitas consideran sacrílega esta postura y no consideran musulmanes a
los chiitas, tachándolos de herejes.
Según los chiitas, existieron en sucesión directa,
normalmente padre-hijo, doce Imanes y ya no hay más. Pero el último, el doceavo
Imam, que por cierto apareció por allá de los años 800s, se dice que aún existe,
pero está oculto hasta que se cumpla alguna profecía. El punto es que chiitas y
sunitas discrepan en cuanto a quién es la máxima autoridad. Y si añadimos que
un gobierno puede tomar partido por uno de los dos bandos, podremos entender la
inconformidad de las minorías que se sienten relegadas.
En el caso que nos ocupa, Arabia Saudita, con gobierno
sunita y conocido como poco tolerante a la oposición, capturó al clérigo chií
Nimr al Nimr, lo acusó de fomentar rebelión, a un nivel comparable al
terrorismo y lo ejecutó. Aunque el clérigo era de nacionalidad saudí, las
protestas por su ejecución se dieron en Irán, país chiita. Los manifestantes en
Irán llegaron al punto de quemar la embajada de Arabia Saudita y esta de
inmediato consideró el hecho como base para la ruptura de relaciones
diplomáticas.
Tal vez un poco de sobrerreacción. El juicio del
clérigo duró años y sin duda Arabia sabía de las implicaciones si completaba la
ejecución. Irán no iba a aplaudir. Así que si todo queda en un edificio
destruido, el precio es barato.
¿Podemos esperar guerra? Difícilmente. Al menos como
consecuencia directa del hecho. Detrás de Arabia está Estados Unidos y detrás
de Irán está Rusia. Pero la tensión puede ir escalando. Irán y Arabia de hecho
se están enfrentando en forma indirecta al apoyar a facciones diferentes en los
conflictos de Siria y Yemen. Esperemos que la cordura prevalezca. A pesar de
esta noticia, nunca sobra desear que el 2016 sea un año de paz.
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