La Noticia:
Al menos tres manifestantes murieron y varios resultaron
heridos en un enfrentamiento entre el Ejército y partidarios del derrocado
Presidente Mohamed Morsi en El Cairo…
(reforma.com)
Comentario:
Sin
dejar de lado el pesar por las víctimas, el caso de Egipto se ha convertido en
una polémica situación que podría dar pie, de la misma manera que la famosa “Primavera
Árabe” en el pasado lo fue, a contagios a otros países, no solo de la región,
sino del mundo entero. ¿Qué salió mal en Egipto? ¿Es o no un golpe de estado lo
que estamos presenciando? ¿Cómo puede trascender a otros países? En este tiempo
en que las redes sociales pueden transmitir la información de la gente común a
velocidad increíble, Egipto se convierte en un caso de estudio por demás
interesante.
Comencemos
por recordar un poco los hechos. Todo comenzó con la denominada Primavera Árabe
en la que los egipcios pudieron derrocar a Hosni Mubarak quien había mantenido
la presidencia por décadas. Luego de su caída, los militares ocuparon el poder
en tanto convocaban a elecciones. El 30 de junio del 2012, luego de las
primeras elecciones libres en Egipto, tomó posesión del cargo Mohammed Morsi,
un ex militante de la Hermandad Musulmana, grupo que promueve la existencia de
un gobierno musulmán y que se opone abiertamente a la relación con Israel, el
vecino incómodo.
Luego
de un tiempo en que maniobró para obtener el control total del país, dejando al
ejército (que había derrocado a Hosni Mubarak) en segundo término, Morsi se
auto concedió poderes extraordinarios y estaba embarcado en una cruzada por
introducir el Islam como elemento preponderante en el gobierno del país.
Añadido a cierto descuido en la administración económica de Egipto, una gran
cantidad de la población decidió que no le agradaba su agenda y comenzó a salir
a las calles a elevar protestas anti-Morsi y a solicitar su renuncia. Por su
parte los simpatizantes de Morsi, que ven con agrado la posibilidad de un
gobierno religioso musulmán, también salieron a las calles e inevitablemente
existieron enfrentamientos entre ambos grupos. En diciembre del 2012 hubo 6
muertos y más de 450 heridos en tales enfrentamientos.
Los
grupos opositores se organizaron más, propalaron su perspectiva de la necesidad
de deponer a Morsi y creció la idea de que su voz podría ser escuchada. En las
manifestaciones le pidieron al ejército que interviniera y depusiera a Morsi.
El ejército, quizás un poco resentido de que Morsi hubiera reducido su impacto
en el gobierno, escuchó al “pueblo” y le marcó un ultimátum a Morsi para que
renunciara. Este los ignoró y el ejército depuso a Morsi nombrando como
presidente interino al líder del Poder Judicial. Los manifestantes anti-Morsi
aplaudieron la acción y consideran que fueron ellos, el “pueblo,” quien impuso
su voluntad.
¿Es
un Golpe de Estado? En su definición más estricta, “deposición de un líder
nombrado democráticamente por una fuerza interna,” lo es. Pero que haya sido la
gente quien instruyó al ejército para que actuara, lo hace peculiar. Después de
todo uno podría pensar que “el pueblo nombró, el pueblo quitó, ¡Viva el
pueblo!” Si así fuera, estaríamos ante la situación en que existen Golpes de
Estado “buenos” y Golpes de Estado “malos.” Se puede alegar, que aunque la
gente eligió democráticamente a Morsi y lo nombró su presidente, la misma gente
se puede arrepentir antes de que termine el periodo normal y lo “despida” sin
miramientos. No es complicado aceptar tal argumento como válido.
En
ese sentido, quiero reproducir el correo de un amigo que vive en Egipto y es
testigo de primera mano: “Mientras nos movemos hacia cumplir nuestro sueño, un
muy pequeño grupo de gente que busca oprimirnos y empujarnos hacia el camino
equivocado, está tratando de convencer a la comunidad internacional que se
trata de un Golpe de Estado… A través de mi voz, y la de todos los egipcios,
deseo afirmar que se trata de un Golpe Guiado por los Ciudadanos… liderado por
gente ordinaria que tiene el sueño de ser tratado como seres humanos con
igualdad de condición y derechos…”
El
único problema es determinar si efectivamente es mayoría la gente que busca un
cambio. La capacidad de movilización no debería ser argumento para deponer a un
líder nombrado democráticamente. Este es el riesgo si la situación se replica
en otros países. Que un grupo numeroso de personas se reúnan en plazas públicas
y pidan ayuda al ejército para deponer al mandatario. ¡Cuidado con ello!
Es
un hecho el Golpe en Egipto. Lo interesante será ver cómo lo asimila la
comunidad internacional, porque se está sentando un precedente interesante: ¡La
gente puede “despedir” a su servidor público!
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