miércoles, 17 de julio de 2013

La Policía de Colombia es Atacada

La Noticia:
Al menos 6 personas han sido muertas y más de una docena heridas en un ataque a una estación de policía en el oeste de Colombia… (bbc.co.uk)

Comentario:
Este ataque a una estación de policía en el suroeste de Colombia no es el primero, ya que uno similar, tan sólo un día antes, había provocado la muerte de 11 personas. Al parecer ambos ataques fueron ejecutados con cilindros de gas cargados de explosivos. La policía colombiana está culpando al grupo rebelde izquierdista, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). En el segundo ataque resultó ileso el comandante de policía de la región, Gen. Jorge Nieto Rojas, que estaba en la estación para establecer una nueva estrategia para combatir el narcotráfico de la región.

Es significativo cuando ni aún la policía puede sentirse segura en su propia estación. ¿En qué mundo vivimos? Si la policía es atacada, ¿qué puede esperar el civil común? La ciudad donde se presentó el incidente, Tumaco, es una de las ciudades colombianas donde más impera la anarquía (algo así como la Ciudad Juárez de Colombia). De hecho la pelea principal no involucra a las fuerzas policiales, sino que se da entre narcotraficantes y los grupos rebeldes izquierdistas.

Colombia es el más grande productor de cocaína, pero ¿no había disminuido la violencia con el mandato de Álvaro Uribe? En realidad sí había mejorado la situación, pero es muy complejo erradicar una violencia tan arraigada, en un país con geografía peculiar. Repasemos en esta ocasión un poco del conflicto colombiano.

Igual que otros países latinoamericanos, Colombia se formó con una sociedad separada en dos mundos, las familias ricas de ascendencia española y una gran mayoría de familias pobres de raza indígena o mestiza. Esta disparidad en la riqueza nacional fue caldo de cultivo para que se crearan los grupos insurgentes de izquierda, sobresaliendo las FARC y el ELN (Ejército de Liberación Nacional). Resguardados, ya fuera voluntariamente o bajo amenaza, por campesinos, aunado a una serie de gobiernos débiles, los grupos guerrilleros se fortalecieron y se volvieron cada vez más atrevidos. Por otra parte, los carteles de la droga aprovecharon la geografía montañosa del país para ocultar sus operaciones y atender a un mercado estadounidense ávido de cocaína.

Ante la debilidad del gobierno, los hacendados del interior del país buscaron su propio mecanismo de defensa y crearon a los grupos paramilitares de derecha. Su misión original era defender a quien contrataba sus servicios, pero ante la falta de suficientes demandantes de sus servicios, muchos de estos grupos se volvieron contra la población civil. Y para rematar, surgieron las que se llamaron Bacrims, esto es, bandas de criminales que tuvieron como base de formación a las pandillas urbanas.

Imagínense entonces la vida de un ciudadano común a principios de los años 2000, teniendo que dejar su testamento preparado si tenía necesidad de tomar una carretera, porque tenía que cuidarse de narcotraficantes, grupos rebeldes izquierdistas, grupos paramilitares y bandas de criminales. Nuestro ciudadano común podía ser víctima en el fuego cruzado, podía ser secuestrado, asesinado o extorsionado. ¿Recurrir a la policía? Pero si ella misma no podía escabullir el ser blanco de ataques.

¿La situación al día de hoy, sigue siendo tan mala? En realidad, desde el arribo de Álvaro Uribe a la presidencia, se mitigó un poco el caos. Uribe puso especial atención a socavar el poderío de los grupos rebeldes y logró darles algunos golpes espectaculares, limitándolos a pequeñas zonas de influencia. Además inició un programa para desarmar a los grupos paramilitares y cerca de 31,000 efectivos entregaron sus armas. Uribe se volvió popular en un país muy lastimado por la violencia y se religió para un segundo término. La ley le impidió presentar su candidatura para un tercero que seguramente hubiera ganado por la forma en que la gente común y corriente empezó a sentirse un poco más segura. Sin embargo, el heredero en la presidencia fue un ex colaborador cercano, Juan Manuel Santos, quien estuvo involucrado en algunos de los golpes a las FARC. Evidentemente el pueblo votó por seguir en el camino de un gobierno de mano fuerte.

Pero no todo el mérito fue de Uribe y Santos. Parte del alivio que está sintiendo el pueblo colombiano provino de una fuente inesperada: la iglesia cristiana evangélica. Un país de tradición católica comenzó a escuchar en grandes números a predicadores extranjeros y locales, sobre todo porque parecía la única esperanza para escapar a la violencia, o al menos, para no vivir en la angustia producida por la amenaza de la misma. La iglesia cristiana encendió una chispa que ha penetrado en varios sectores de la población y sin duda colaboró al bienestar percibido.

Falta mucho para decir que Colombia dejó de ser un país peligroso. Aún existe demanda por cocaína en los Estados Unidos y gente dispuesta a vendérsela en Colombia, si bien el nivel de operaciones ha decrecido. La guerrilla izquierdista ha perdido líderes, está limitada al suroeste del país, pero no está muerta y hay rebeldes que buscan ascender en el escalafón y reposicionar a las FARC. Los paramilitares han dejado de ser una preocupación, pero aún existen las pandillas urbanas.

En pocas palabras, Colombia ha mejorado, pero había descendido tanto, que el camino por recorrer aún es largo. Ojalá que el gobierno mexicano aprenda de su ejemplo y evite que el país llegue a los niveles de caos de la Colombia de hace ocho años.


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