La Noticia:
Ocho centros
religiosos han sido incendiados desde que se reanudaron los conflictos
sectarios…
(reforma.com)
Comentario:
Myanmar
atrae la atención del mundo con esta noticia que es el símbolo de la
intolerancia sectaria. En enero del 2012 felicitábamos a este país por dar
serios pasos en pro de la democracia y por firmar armisticios que concluían una
guerra civil de más de 60 años de duración. Apenas en marzo del mismo año se
disolvió la junta militar que regía al país para dar lugar a un gobierno civil.
Con una democracia en pañales, ¿no pudo este país sostener la paz? ¿Qué está
ocurriendo que genera conflicto?
En
realidad el reciente problema tuvo su origen en junio pasado cuando se
descubrió el cadáver de una mujer budista violada y asesinada por tres
musulmanes de etnia rohingya. Familiares y amigos de la víctima, en lugar de
dejar el caso a las autoridades, iniciaron una búsqueda de los culpables. Días
después una turba mató a 10 musulmanes en venganza, pero lo grave fue que estos
musulmanes no habían sido los culpables del delito. Simplemente los ánimos se
encendieron. Luego fueron capturados los tres musulmanes culpables, dos de
ellos fueron sentenciados a muerte y el tercero murió mientras era custodiado,
seguramente por el maltrato.
Pero
ahora había 10 nuevas víctimas que no habían estado en conexión con el
incidente. Y para vengarlos, los musulmanes atacaron a los budistas, por
supuesto estos no se quedaron con los brazos cruzados y decenas de víctimas
fueron el resultado de estos ataques mutuos entre budistas de la región de
Rakhine y musulmanes rohingya. El gobierno decretó estado de emergencia en
Rakhine y logró restablecer la calma. Esto ocurrió en junio.
No
está muy claro qué fue lo que encendió nuevamente los ánimos, pero en octubre
volvió a estallar la violencia entre los mismos grupos. Lo cierto es que con
los antecedentes de junio, cualquier incidente bastaba para reiniciar el
conflicto y de alguna manera se dio. Esta vez las consecuencias están siendo
peores. Ya se habla de 56 muertos, decenas de heridos, ocho centros religiosos
incendiados y más de mil hogares igualmente incendiados en la misma región del
país.
La
situación es muy volátil porque ambos grupos se creen con derecho a tomar la
justicia en propias manos y culpan a la otra parte de la violencia. Se complica
todo cuando los budistas consideran que los musulmanes no pertenecen al país.
De hecho los musulmanes rohingya son una etnia originada en Bangladesh, país
vecino, que emigraron a Myanmar, pero que no han logrado ejercer derechos de
ciudadanía. Se podría decir que son “apátridas” porque tampoco Bangladesh los
quiere de regreso. El gobierno de Myanmar tiene poco de instaurado y le falta
capacidad para reubicar a los casi 800,000 musulmanes rohingya que de momento
están en carácter de inmigrantes ilegales. Las Naciones Unidas describen a los
musulmanes rohingya como una minoría religiosa y lingüística del oeste de
Myanmar, indicando además que son una de las minorías más perseguidas del
mundo.
Es
una prueba de fuego para un gobierno que se quiere iniciar en la democracia. Si
los líderes militares observan que las autoridades civiles no son capaces de
controlar la situación, bien podrían intentar regresar al gobierno vía golpe de
estado. Recordemos que no tiene ni un año que la junta militar abandonó el
poder luego de décadas de estar al frente con mano dura.
No
solo el gobierno de Myanmar está preocupado, también las Naciones Unidas han
estado al pendiente de la situación, incluso emitiendo conminaciones al
gobierno de Myanmar indicándole que la violencia reciente representa una seria
amenaza a los planes de reforma democrática.
Es
importante para Myanmar el verse como un país estable para mostrar que los
cambios políticos representan la ruta correcta, sin embargo siempre tendrán el
reto natural de hacer convivir a etnias distintas. Esperemos que Myanmar lo
logre y represente un ejemplo de cómo creencias religiosas diferentes pueden
resolver conflictos y vivir en armonía.
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