jueves, 18 de julio de 2013

Mueren 56 por Choque Sectario en Myanmar

La Noticia:
Ocho centros religiosos han sido incendiados desde que se reanudaron los conflictos sectarios… (reforma.com)

Comentario:
Myanmar atrae la atención del mundo con esta noticia que es el símbolo de la intolerancia sectaria. En enero del 2012 felicitábamos a este país por dar serios pasos en pro de la democracia y por firmar armisticios que concluían una guerra civil de más de 60 años de duración. Apenas en marzo del mismo año se disolvió la junta militar que regía al país para dar lugar a un gobierno civil. Con una democracia en pañales, ¿no pudo este país sostener la paz? ¿Qué está ocurriendo que genera conflicto?

En realidad el reciente problema tuvo su origen en junio pasado cuando se descubrió el cadáver de una mujer budista violada y asesinada por tres musulmanes de etnia rohingya. Familiares y amigos de la víctima, en lugar de dejar el caso a las autoridades, iniciaron una búsqueda de los culpables. Días después una turba mató a 10 musulmanes en venganza, pero lo grave fue que estos musulmanes no habían sido los culpables del delito. Simplemente los ánimos se encendieron. Luego fueron capturados los tres musulmanes culpables, dos de ellos fueron sentenciados a muerte y el tercero murió mientras era custodiado, seguramente por el maltrato.

Pero ahora había 10 nuevas víctimas que no habían estado en conexión con el incidente. Y para vengarlos, los musulmanes atacaron a los budistas, por supuesto estos no se quedaron con los brazos cruzados y decenas de víctimas fueron el resultado de estos ataques mutuos entre budistas de la región de Rakhine y musulmanes rohingya. El gobierno decretó estado de emergencia en Rakhine y logró restablecer la calma. Esto ocurrió en junio.

No está muy claro qué fue lo que encendió nuevamente los ánimos, pero en octubre volvió a estallar la violencia entre los mismos grupos. Lo cierto es que con los antecedentes de junio, cualquier incidente bastaba para reiniciar el conflicto y de alguna manera se dio. Esta vez las consecuencias están siendo peores. Ya se habla de 56 muertos, decenas de heridos, ocho centros religiosos incendiados y más de mil hogares igualmente incendiados en la misma región del país.

La situación es muy volátil porque ambos grupos se creen con derecho a tomar la justicia en propias manos y culpan a la otra parte de la violencia. Se complica todo cuando los budistas consideran que los musulmanes no pertenecen al país. De hecho los musulmanes rohingya son una etnia originada en Bangladesh, país vecino, que emigraron a Myanmar, pero que no han logrado ejercer derechos de ciudadanía. Se podría decir que son “apátridas” porque tampoco Bangladesh los quiere de regreso. El gobierno de Myanmar tiene poco de instaurado y le falta capacidad para reubicar a los casi 800,000 musulmanes rohingya que de momento están en carácter de inmigrantes ilegales. Las Naciones Unidas describen a los musulmanes rohingya como una minoría religiosa y lingüística del oeste de Myanmar, indicando además que son una de las minorías más perseguidas del mundo.

Es una prueba de fuego para un gobierno que se quiere iniciar en la democracia. Si los líderes militares observan que las autoridades civiles no son capaces de controlar la situación, bien podrían intentar regresar al gobierno vía golpe de estado. Recordemos que no tiene ni un año que la junta militar abandonó el poder luego de décadas de estar al frente con mano dura.

No solo el gobierno de Myanmar está preocupado, también las Naciones Unidas han estado al pendiente de la situación, incluso emitiendo conminaciones al gobierno de Myanmar indicándole que la violencia reciente representa una seria amenaza a los planes de reforma democrática.

Es importante para Myanmar el verse como un país estable para mostrar que los cambios políticos representan la ruta correcta, sin embargo siempre tendrán el reto natural de hacer convivir a etnias distintas. Esperemos que Myanmar lo logre y represente un ejemplo de cómo creencias religiosas diferentes pueden resolver conflictos y vivir en armonía.


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