jueves, 18 de julio de 2013

Desafían Burócratas a Rousseff

La Noticia:
El Gobierno de la Presidenta de Brasil Dilma Rousseff se enfrenta a una ola de huelgas de los empleados públicos… (reforma.com)

Comentario:
En el pasado las uniones sindicales de Brasil obtuvieron concesiones generosas por parte del gobierno de Lula da Silva, antecesor de Dilma Rousseff en la presidencia, pero esta vez se enfrentan a la que Forbes calificó como la tercera mujer más poderosa del mundo (solo por detrás de Ángela Merkel, la canciller alemana y de Hillary Clinton, la Secretaria de Estado norteamericana). Parece que hasta el momento, muchos trabajadores han abandonado la huelga y llegado a un acuerdo con el gobierno, pero vale la pena revisar cómo estuvo el asunto.

En semanas anteriores, cerca de 400,000 empleados federales de 30 departamentos gubernamentales y cuerpos públicos (aproximadamente la mitad de los servidores públicos) iniciaron huelgas y protestas en todo Brasil. Entre los huelguistas se incluyeron oficiales de policía y de aduanas, lo cual generó caos en varias partes: autopistas, hospitales públicos, puertos y aeropuertos. Por ejemplo en los hospitales ocasionó desabasto de medicinas y retrasos en las cirugías programadas.

De por sí es difícil imaginar a un país sin fuerza policial, pero en este caso además los mismos policías intentaron resaltar la importancia de su labor con la colocación de mensajes en lugares públicos. Por ejemplo, en la carretera que conecta Río de Janeiro y Sao Paulo, las dos más importantes ciudades brasileñas, se podía leer un letrero que decía: “Estación de policía cerrada – paso libre para tráfico de drogas y armas”. Aunque fue retirado a la brevedad, otros letreros similares pudieron verse fugazmente por todo el país, lo cual fue considerado por parte del gobierno como una medida, además de provocadora, de muy mal gusto.

Otro ejemplo se presentó en un puente de la frontera entre Paraguay y Brasil el cual tiene un tráfico de más de 35,000 personas diariamente. En ese sitio los oficiales de policía se amarraron las manos en señal de protesta por la ausencia de respuestas del gobierno a sus peticiones.

¿Cuáles son las demandas de los trabajadores? Dado que Brasil se ha convertido en un país con un elevado costo de vida, muchos trabajadores han visto mermado su salario, por lo que las organizaciones sindicales se han unido en peticiones de alza de salarios. Algunos sindicatos tomando la postura de exigir tanto como el 78% de aumento salarial. El gobierno, reconociendo que existe una brecha entre salarios y costo de vida, ofreció un aumento de 15.8% a lo largo de tres años.

Se dieron negociaciones, pero pronto se llegó al punto en el que el gobierno se plantó firme y se quedó en la postura de “tómalo o déjalo.” Exceptuando a los profesores universitarios, a los cuales se les ofreció el 45% de aumento. A diferencia de su antecesor, el presidente Lula, quien consintió a los sindicatos (se dice que en los pasados nueve años los empleados federales tuvieron un incremento salarial del 33% real, esto es, descontando ya la inflación), Dilma Rousseff tiene la intención de gobernar con mano de hierro. No solo se negó a considerar un incremento mayor al ofrecido, sino que además puso un ultimátum a los sindicatos en el sentido de que o aceptaban su oferta, o comenzaba a contratar personal para suplir a quienes siguieran en huelga. Incluso estableció una fecha límite.

¿Qué bases tiene Rousseff para actuar de ese modo? Básicamente una popularidad grande en Brasil. La gente la quiere, la respeta y la respalda. Los analistas dicen que Rousseff tiene la fuerza para imponer su solución al problema.

Y se está notando. Como mencionamos al principio, la mayoría de los trabajadores ya aceptó la oferta del 15.8% a lo largo de tres años propuesta por Rousseff. Quienes faltan son una minoría con las que se podrá negociar ya con el país otra vez funcionando casi a la normalidad. Ya prácticamente salió airosa de esta crisis.

Así que estamos ante el nacimiento de una nueva “Dama de Hierro,” la presidenta del Brasil: Dilma Rousseff. Habrá que seguir su trayectoria.


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