La
Noticia:
El
Gobierno de la Presidenta de Brasil Dilma Rousseff se enfrenta a una ola de
huelgas de los empleados públicos… (reforma.com)
Comentario:
En el pasado las uniones sindicales de
Brasil obtuvieron concesiones generosas por parte del gobierno de Lula da
Silva, antecesor de Dilma Rousseff en la presidencia, pero esta vez se
enfrentan a la que Forbes calificó como la tercera mujer más poderosa del mundo
(solo por detrás de Ángela Merkel, la canciller alemana y de Hillary Clinton,
la Secretaria de Estado norteamericana). Parece que hasta el momento, muchos
trabajadores han abandonado la huelga y llegado a un acuerdo con el gobierno,
pero vale la pena revisar cómo estuvo el asunto.
En semanas anteriores, cerca de
400,000 empleados federales de 30 departamentos gubernamentales y cuerpos
públicos (aproximadamente la mitad de los servidores públicos) iniciaron
huelgas y protestas en todo Brasil. Entre los huelguistas se incluyeron
oficiales de policía y de aduanas, lo cual generó caos en varias partes:
autopistas, hospitales públicos, puertos y aeropuertos. Por ejemplo en los
hospitales ocasionó desabasto de medicinas y retrasos en las cirugías programadas.
De por sí es difícil imaginar a
un país sin fuerza policial, pero en este caso además los mismos policías
intentaron resaltar la importancia de su labor con la colocación de mensajes en
lugares públicos. Por ejemplo, en la carretera que conecta Río de Janeiro y Sao
Paulo, las dos más importantes ciudades brasileñas, se podía leer un letrero
que decía: “Estación de policía cerrada – paso libre para tráfico de drogas y
armas”. Aunque fue retirado a la brevedad, otros letreros similares pudieron
verse fugazmente por todo el país, lo cual fue considerado por parte del
gobierno como una medida, además de provocadora, de muy mal gusto.
Otro ejemplo se presentó en un
puente de la frontera entre Paraguay y Brasil el cual tiene un tráfico de más
de 35,000 personas diariamente. En ese sitio los oficiales de policía se
amarraron las manos en señal de protesta por la ausencia de respuestas del
gobierno a sus peticiones.
¿Cuáles son las demandas de los
trabajadores? Dado que Brasil se ha convertido en un país con un elevado costo
de vida, muchos trabajadores han visto mermado su salario, por lo que las
organizaciones sindicales se han unido en peticiones de alza de salarios.
Algunos sindicatos tomando la postura de exigir tanto como el 78% de aumento
salarial. El gobierno, reconociendo que existe una brecha entre salarios y
costo de vida, ofreció un aumento de 15.8% a lo largo de tres años.
Se dieron negociaciones, pero
pronto se llegó al punto en el que el gobierno se plantó firme y se quedó en la
postura de “tómalo o déjalo.” Exceptuando a los profesores universitarios, a
los cuales se les ofreció el 45% de aumento. A diferencia de su antecesor, el
presidente Lula, quien consintió a los sindicatos (se dice que en los pasados
nueve años los empleados federales tuvieron un incremento salarial del 33%
real, esto es, descontando ya la inflación), Dilma Rousseff tiene la intención
de gobernar con mano de hierro. No solo se negó a considerar un incremento
mayor al ofrecido, sino que además puso un ultimátum a los sindicatos en el
sentido de que o aceptaban su oferta, o comenzaba a contratar personal para
suplir a quienes siguieran en huelga. Incluso estableció una fecha límite.
¿Qué bases tiene Rousseff para
actuar de ese modo? Básicamente una popularidad grande en Brasil. La gente la
quiere, la respeta y la respalda. Los analistas dicen que Rousseff tiene la
fuerza para imponer su solución al problema.
Y se está notando. Como
mencionamos al principio, la mayoría de los trabajadores ya aceptó la oferta
del 15.8% a lo largo de tres años propuesta por Rousseff. Quienes faltan son
una minoría con las que se podrá negociar ya con el país otra vez funcionando
casi a la normalidad. Ya prácticamente salió airosa de esta crisis.
Así que estamos ante el
nacimiento de una nueva “Dama de Hierro,” la presidenta del Brasil: Dilma
Rousseff. Habrá que seguir su trayectoria.
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