La Noticia:
El Presidente
Obama se enfrenta al reto de conseguir un acuerdo con los republicanos que
lideran la Cámara de Representantes… (reforma.com)
Comentario:
La
celebración terminó. Obama ganó la presidencia de los Estados Unidos para un
segundo término, quizás en mucho debido al voto latino que lo favoreció
fuertemente, pero ahora enfrenta un serio reto: el famoso “abismo fiscal.” ¿De
qué se trata? ¿Cómo se llegó a este punto? ¿Cómo impacta? Al ganar las
elecciones, Obama obtuvo la responsabilidad de resolver este problema y no
puede sino dar vueltas por la cabeza la frase: “se ganó la rifa del tigre.”
Comencemos
por entender de qué se trata el “abismo fiscal.” Se refiere a un cambio
violento en la política de gastos e ingresos del gobierno estadounidense. Hasta
el momento el gobierno ha estado gastando billones de dólares debido a su
tamaño y al número de programas, como el de la seguridad social, que maneja.
Dicho gasto lo ha podido enfrentar no gracias a sus ingresos vía impuestos,
sino al gran nivel de endeudamiento que ha estado creciendo constantemente.
Para
que un país tenga un presupuesto sano, normalmente los ingresos por impuestos
deberían igualar el nivel de gasto. Un poco de déficit fiscal, a través de
endeudamiento, no es malo, si con ese gasto se promueve la economía del país:
más dinero circulando, igual a mayores ventas de las empresas, igual a más
empleos, igual a crecimiento económico.
El
problema es que la deuda de Estados Unidos llegó a niveles increíbles, algo así
como 100% del PIB, lo que obviamente genera dudas. Sin importar que la economía
sea la más grande del mundo, tamaña deuda pone nerviosos a los mercados. Por
ello, el Congreso de ese país, junto con el presidente Obama se reunieron en el
2011 y juntos establecieron un límite a la generación de nueva deuda. Se puso
como fecha límite el 31 de diciembre del 2012 para que en caso de no encontrar
alternativas viables, el gobierno automáticamente reduzca sus gastos de manera
repentina y violenta. De aquí salió la palabra “abismo.” De un gasto fuerte se
pasaría a un gasto mínimo en forma repentina. Muy apropiado el término.
¿Por
qué es malo? Porque muy probablemente provoque una recesión. Menos gasto
público, menos dinero circulando en la economía, menos empresas, más desempleo.
Esto en un momento en que la economía de Estados Unidos aún no se recupera
completamente de la crisis financiera del 2007-2009, viene a representar una recaída.
Si a esto se le añade que la gente va a tener que pagar más impuestos a partir
del 2013, porque vencen ciertos programas de estímulo fiscales, menos dinero
tendrán las personas para gastar, exacerbando el problema.
Analistas
consideran que el efecto no se sentirá solo en los Estados Unidos, sino que una
recesión en ese país alterará la economía mundial y hará sentir a la crisis
europea como un juego de niños. No es lo mismo que Grecia enfrente recortes a
su presupuesto, a que lo haga Estados Unidos. México sufrirá porque ese país es
el principal destino de las exportaciones mexicanas. En pocas palabras, el
mundo está acostumbrado a que Estados Unidos compre productos del mundo a manos
llenas.
En
forma paralela, los habitantes de Estados Unidos verán un incremento en sus
impuestos, sin importar si ganan mucho o poco. El presidente Obama está
buscando un acuerdo para que los ricos paguen más impuestos, pero ha encontrado
fuertes opositores a su idea. Lo cierto es que Obama por si solo no puede
alcanzar una solución. El presupuesto del gobierno es autorizado por el
Congreso y este se encuentra dominado por el opositor Partido Republicano.
Tienen que sentarse a encontrar juntos una propuesta viable.
¿Se
puede encontrar una solución? No completa, pero al menos suficiente como para
atenuar los efectos de la recesión, sin embargo el principal enemigo es el
tiempo, faltan escasos dos meses para que la bomba estalle y si no hay un
acuerdo, en forma automática los recortes al presupuesto se implementarán. Se
menciona a la Defensa y a la Seguridad Social, como a los programas que más
recortes sufrirían. Y no se trata de un solo año fiscal, sino que los recortes
están programados para aplicarse en un horizonte de diez años.
El
problema ya existía desde antes de las elecciones, pero estas distrajeron la
atención de Obama y de los partidos políticos. Ahora tendrán que buscar
alternativas a marchas forzadas y sin duda las noticias se llenarán de notas
acerca de los esfuerzos de Estados Unidos para no caer en el “abismo fiscal”.
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