La Noticia:
Países latinoamericanos pidieron explicaciones a Estados Unidos sobre
las revelaciones del diario brasileño O Globo de que los ciudadanos de la
región han sido objeto de espionaje por la Agencia Nacional de Seguridad (NSA
por sus siglas en inglés)… (reforma.com)
Comentario:
Edward Snowden, un antiguo colaborador para la CIA,
desató una polémica alrededor del tema del espionaje. Snowden abandonó los
Estados Unidos luego de filtrar información a la prensa acerca de la vigilancia
telefónica y por Internet que estaba (o está) efectuando la agencia de
inteligencia americana. Snowden está prófugo de la justicia estadounidense y se
cree se encuentra refugiado en el aeropuerto de Moscú. Si bien no se sabe qué
será de él (ya varios países le han ofrecido refugio), lo interesante es el
tema que despertó.
Se supone que el espionaje surgió para estar al
tanto de lo que los enemigos de un país estaban tramando. Sin embargo, en este
caso, Estados Unidos ha estado espiando a todos, incluyendo sus aliados más
cercanos: la Unión Europea, Brasil, Colombia, México. ¿Es válido espiar a los
aliados? Otro aspecto interesante son los mecanismos que se usan hoy en día
para espiar: teléfono, redes sociales, correo electrónico, video. Lo que abre
otra interrogante: ¿qué tan expuestos estamos a ser observados?
Comencemos por el primer punto: ¿se vale espiar a
los amigos? Las declaraciones de quien defienden el sistema de espionaje, es
que por razones de seguridad, especialmente debido a los atentados terroristas,
las potenciales amenazas pueden surgir incluso desde o a través de los países
aliados. En ese razonamiento va implícito el que Estados Unidos no confía en
que por ejemplo Francia va a rastrear posibles amenazas y va a lograr
desmantelar células terroristas, por lo que deben desplegar sus propias
antenas. Por supuesto que la mayoría de los países, al enterarse del espionaje,
se sintieron ofendidos. Incluso México, a quien no le vendría nada mal un poco
de ayuda de inteligencia en contra de los cárteles del narcotráfico.
Lo países son orgullosos y seguramente Estados
Unidos terminará por disculparse y declarar que no volverá a inmiscuirse en la
privacidad de empresas y ciudadanos de países aliados. Se supone, al menos es
lo que se ha establecido, que Estados Unidos no ha invadido la privacidad de
sus propios ciudadanos. Pero la privacidad debería ser una prerrogativa
universal, así que los Estados Unidos hacen mal en discriminar.
El segundo punto interesante de la noticia, es la
factibilidad de espiar al mundo entero. Por ejemplo, se dice que tan sólo de
Gran Bretaña se producen más de 600 millones de correos electrónicos al día.
Por supuesto que la vigilancia humana es imposible y sólo programas
sofisticados de software pueden rastrear algunos términos relevantes. En ese
sentido, si usted quiere estar en el radar de la NSA, use en sus comunicados
palabras como “bomba," “atentado," “terrorista," etc. Aunque la
verdad no creo que si alguien está planeando un ataque al Pentágono, utilice
dichos términos, sino que usaría códigos. ¿Qué tal: “el pastel ya está listo,
mañana es la fecha pactada para la fiesta”? En serio, ¿qué tan factible es
descubrir un plan terrorista analizando millones de correos electrónicos?
El ciudadano de hoy está por demás expuesto a la
posibilidad de ser observado. Quien no usa Facebook, usa Twitter, o Google,
hotmail, gmail, Yahoo, etc. Cualquier actividad a través de Internet deja un
rastro. Quien deseara evitarlo totalmente tendría que regresar al papel y a la
máquina de escribir. Y aún así, los celulares son rastreables y las
conversaciones potencialmente pueden ser escuchadas.
Pero sería un poco paranoico inmovilizarnos por la
posibilidad de que alguien en la NSA esté leyendo que le decimos
"cuchi-cuchi" a nuestra pareja. El volumen de información nos vuelve
anónimos y a menos que nuestro apellido sea "Peña Nieto," o
"López Obrador," nadie nos vigilará.
El espionaje entonces, además de ser desagradable
por ser una invasión a la privacidad, parece potencialmente ineficiente.
Estados Unidos bien se podría ahorrar ese presupuesto e invertirlo en mejorar
sus relaciones internacionales, deterioradas más por esta reciente filtración
de Snowden.
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