La Noticia:
El Secretario de Defensa de
Estados Unidos, León Panetta, dio por concluida oficialmente la guerra de Irak,
después de nueve años de campaña, en una ceremonia en Bagdad… (reforma.com)
Comentario:
¡Nueve
años! Si bien hay quienes definen el periodo en base al número de víctimas:
4,500 soldados americanos muertos y alrededor de 32,000 soldados heridos. Esto
sin contar las muertes de soldados de otros países (entre ellos 179
británicos), de civiles americanos y de civiles iraquíes. Uno no puede sino
alarmarse pensando en que si hubo 36,500 afectados entre la fuerza invasora
que… ¡ganó!... la guerra, ¿cuál será el número de víctimas entre la población
local? En este punto no parece haber acuerdo entre distintas organizaciones,
pero la más conservadora, Irak Body Count, indica que poco más de 106,000
civiles iraquíes perdieron la vida. Pero los estimados van desde ese mínimo,
hasta un máximo de 600,000 muertos por la guerra. Y no parece haber estadísticas
en relación al número de heridos. Sólo para manejar una perspectiva, cabe
mencionar que el número de muertos por la bomba atómica de Hiroshima fue de
90,000.
Ante
esos números, es inevitable conjeturar, ¿valió la pena? El bombardeo de Hiroshima
y Nagasaki, aunque cruento, provocó el fin de la Segunda Guerra Mundial. ¿Qué
se ganó en Irak? Revisemos un poco el país desde antes del conflicto y su
expectativa sin soldados americanos.
A
principios de los años sesentas Saddam Hussein era un joven revolucionario que
apoyó un golpe de estado contra el general Qasim. Este a su vez había ascendido
al poder derrocando al Rey Faisal II de Irak. Lo cual quiere decir que fue una
época de incertidumbre. El propio Hussein, que había participado en un intento frustrado
de asesinato de Qasim respaldado por los Estados Unidos, se vio en prisión
luego de su derrocamiento. Un nuevo golpe de estado, esta vez liderado por
Al-Bakr, llevó a Hussein cerca del poder como parte del equipo de Al-Bakr. De
hecho se convirtió en el poder detrás del trono y posteriormente forzó la
renuncia de Al-Bakr, asumiendo él mismo la presidencia en 1979.
Inmediatamente
encarceló a opositores y formó su gobierno con la minoría sunita del país. Cabe
aclarar que en Irak existen tres grupos raciales/religiosos: los sunitas, los
chiitas y los kurdos. La mayoría de la población es chiita. Sunitas y chiitas
difieren en su forma de ver y practicar el Islam, con diferencias que a un
observador extranjero parecen mínimas, como quién fue el sucesor de Mahoma o el
número de rezos al día, pero que para ellos son muy relevantes. La diferencia
con los kurdos es más bien racial, pero la enemistad deriva en que los kurdos
han presionado por formar una nación independiente.
Saddam
Hussein otorgó deferencias a la minoría sunita y fue conocido por reprimir,
incluso al nivel de genocidio, a los demás grupos. Fue de resaltar el uso de armas
biológicas en contra de los kurdos. Si bien logró estabilizarse en el poder, no
tardó mucho tiempo en buscar algo qué hacer e invadió a su vecino Irán. La
revolución iraní había triunfado y Hussein sintió que estaba influenciando a
los chiitas a hacer lo mismo en Irak, además tenía cierta enemistad con el
Ayatolá Jomeini y sentía apoyo de parte de Estados Unidos y los demás países
europeos. En esa época, el dinero extranjero fluyó a las arcas de Hussein para
derrotar a Irán. Hussein era el bueno de la película. Pero no pudo con Irán.
Ocho años después, y cerca de un millón de muertos después, se llegó a un
armisticio con ligera ganancia de territorio por parte de Irán.
Hussein
buscó apoyo en la OPEP para aumentar los precios del petróleo y poder pagar la
deuda contraída durante la guerra, pero Kuwait se opuso a reducir sus ventas de
petróleo y Saddam Hussein la invadió. Esta vez careció del apoyo de los Estados
Unidos, que por el contrario inició la Guerra del Golfo en 1991. Guerra que le
costó a Irak nada menos que 80,000 muertos.
Luego
de la guerra, las Naciones Unidas iniciaron una serie de embargos comerciales
en contra de Irak para forzarlo a desmantelar su maquinaria de guerra,
especialmente las armas biológicas y el programa nuclear, que se sospechaba
existía. Los embargos empobrecieron aún más a la nación asolada por dos guerras
recientes.
En
2003, bajo la sospecha de que Irak construía armas de destrucción masiva,
George Bush atacó a Irak. Nunca se encontraron las armas y la famosa “madre de
todas las batallas” terminó pronto con la huida, captura, proceso y
estrangulamiento de Hussein. Si bien Saddam fue capturado en el 2003, colgado
en el 2006, los soldados americanos se quedaron para supervisar la transición
democrática del país.
En
2005 asumió la presidencia de Irak Jalal Talabani de origen kurdo. Por fin
apareció cierto orden en el país. Si bien, el presidente no pudo contrarrestar
el odio de un buen sector de la población contra los soldados americanos, al
menos, al pertenecer él mismo a la minoría kurda, se inhibió grandemente el
odio racial en el país.
De
hecho, con la salida de los soldados, existe optimismo entre los ciudadanos de
que habrá paz y que el país se convertirá nuevamente en un líder productor de
petróleo abonando a la economía. Si todo sale bien, para el 2017, difícilmente
antes, veremos a un Irak fortalecido y saludable.
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